En 1987 San Juan Pablo II visitó Chile y en el estadio de Santiago dirigió un discurso a los jóvenes cargado de esperanza y pasión: «El amor vence siempre. ¡El amor vence siempre, como Cristo ha vencido! El amor vence siempre aunque, en ocasiones, ante sucesos y situaciones concretas, pueda parecernos impotente. Cristo parecía impotente en la Cruz. ¡Dios siempre puede más!».
Este es el lema que este año los colegios diocesanos tienen y que quieren difundir a toda su comunidad educativa.
«El amor siempre vence» es una expresión que resume admirablemente una de las enseñanzas centrales de san Juan Pablo II: la convicción de que el amor es la fuerza más poderosa que existe, capaz de superar el odio, la violencia, el egoísmo y la desesperanza.
Para san Juan Pablo II, el amor no era un simple sentimiento pasajero, sino una decisión firme de buscar el bien del otro. A lo largo de su vida experimentó las tragedias del siglo XX, como la ocupación nazi de Polonia y el régimen comunista, y, sin embargo, nunca respondió con rencor. Su mensaje fue siempre que el hombre solo encuentra su verdadera grandeza cuando aprende a amar y a perdonar.
Este lema tiene también un profundo significado cristiano. La victoria de Cristo en la cruz parece, humanamente, una derrota; sin embargo, mediante el amor entregado hasta el extremo vence al pecado y a la muerte. Por eso san Juan Pablo II insistía en que el amor auténtico es más fuerte que cualquier poder humano.
En la vida cotidiana, «El amor siempre vence» invita a responder al mal con el bien, a mantener la esperanza en las dificultades familiares, sociales o personales, y a creer que los gestos de generosidad, comprensión y misericordia tienen una fuerza transformadora. No significa que desaparezcan inmediatamente los problemas, sino que el amor es el único camino capaz de darles una solución verdadera y duradera.
En definitiva, este lema resume una enseñanza fundamental de san Juan Pablo II: donde hay amor auténtico, allí triunfan la verdad, la paz y la dignidad humana; y aunque el mal parezca imponerse por un tiempo, la última palabra pertenece siempre al amor.
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