Protocolos de Protección del menor

PROTOCOLO DE LOS COLEGIOS DIOCESANOS DE NAVARRA PARA LA PREVENCIÓN Y ACTUACIÓN FRENTE AL ABUSO SEXUAL INFANTIL

1. ¿QUÉ ES UN PROTOCOLO?

Un protocolo es un procedimiento de actuación. Es una guía en la que se concreta la labor conjunta de los elementos de una organización o institución para conseguir algo. Nuestro primer objetivo es prevenir cualquier tipo de abuso a menores, estableciendo buenas prácticas en la organización. El segundo objetivo es actuar adecuadamente frente a la sospecha de abuso sexual, es decir, actuar sin dilación, con control de la situación, sin escándalos, intentando no añadir daño a la víctima ni a otras personas, incluido el presunto agresor. El protocolo ayuda a que todo el personal tenga claro las responsabilidades, los roles y los canales de comunicación.

2. ¿A QUÉ LLAMAMOS ABUSO SEXUAL INFANTIL?

Llamamos abuso sexual infantil a la utilización de un niño para obtener gratificación sexual. Esa utilización puede hacerse de muchas maneras, a menudo sin requerir amenazas ni violencia, al contrario de lo que generalmente se piensa. La sorpresa, la seducción, el engaño, el chantaje y la manipulación son muy frecuentes.

El abuso sexual infantil se encuadra dentro de la categoría más amplia de la violencia sexual, y en gran medida comparte consecuencias y respuestas con esta. Al mismo tiempo debe ser considerado como un tipo de maltrato infantil. La confluencia entre estas dos perspectivas es la que nos puede permitir abordar este fenómeno de una forma más adecuada.

Es abuso sexual infantil:

– Acosar, asustar o intimidar con gestos obscenos, o con comunicaciones obscenas. Llamadas telefónicas, mensajes de móvil, correos electrónicos, cartas o notas de contenido sexual.

– Proposiciones sexuales o insinuaciones relacionadas con la conducta sexual. Propuestas de encuentro con fines sexuales (expresos o no) utilizando Internet u otros medios.

– Pedir al menor que exponga o exhiba su cuerpo o partes de su cuerpo con fines sexuales, directamente o mediante la utilización de TICS.

– Tocar partes del cuerpo del niño/adolescente consideradas íntimas o erógenas, por encima o por debajo de la ropa. Intentos de beso, contacto corporal, excesivo acercamiento, etc.

– Obligar, incitar o invitar a tocar al adulto o a otros menores con fines sexuales.

– Exhibicionismo.

– Exponer deliberadamente al menor a la visualización de actos sexuales (voyerismo) o material pornográfico. – Penetración oral, anal…

¿Qué es explotación sexual?:

– Incitar o permitir la prostitución del menor por terceros

– Usar imágenes del menor con fines pornográficos

– Hacerle participar en servicios de prostitución o en espectáculos sexuales.

3. LA VÍCTIMA

La víctima a que nos referimos es una persona menor de edad; los 18 años marcan una línea legal y, con ella, el fin de la minoría de edad. Recuérdese que a partir de los 16 años los adolescentes pueden consentir en mantener relaciones sexuales con adultos. No estamos hablando aquí de estas relaciones, sino de relaciones no consentidas por personas que no han cumplido los 18 años.

También puede darse el caso de adolescentes de 16 o 17 años que consienten mantener relaciones sexuales con adultos que pueden considerarse abusivas, dada la diferente capacidad entre ambos (adolescentes con algún tipo de discapacidad, por ejemplo) o la posición clara de poder o superioridad del adulto o la intermediación de contrapartida atractiva para la víctima (dinero, regalos, atención especial, afecto,…). Esta posición de poder del adulto se puede dar en dos ámbitos básicamente: el ámbito familiar y el educativo, sin descartar el deportivo y otros.

Hay que recordar que no todas las relaciones sexuales con menores de 16 años son delito. Así, nuestro Código Penal recoge que “El consentimiento libre del menor de dieciséis años excluirá la responsabilidad penal por los delitos previstos en este Capítulo, cuando el autor sea una persona próxima al menor por edad y grado de desarrollo o madurez.»

2 4. EL AGRESOR

La persona que abusa o agrede suele ser un adulto, mayoritariamente hombre, pero también puede ser mujer, sin descartar adolescentes o preadolescentes: es decir, también puede ser otro menor que se encuentre en una situación de poder con respecto a la víctima, bien por nivel de desarrollo, fuerza física, etc. La calificamos indistintamente de agresora o de abusadora.

Recuérdese que no pueden considerarse abuso los juegos sexualizados entre adolescentes o entre niños. Puede ser difícil discriminar estas situaciones entre adolescentes y mayores de edad en muchos casos.

Puede darse el caso de niños mayores prepúberes que abusan de niños pequeños o de niños de edad similar pero con algún tipo de discapacidad o dificultad para otorgar su consentimiento. En este caso, independientemente de la salvaguarda y apoyo al niño pequeño, hay que considerar al niño mayor simultáneamente como agresor y como menor que puede necesitar atención especializada. Habitualmente se entiende que hay abuso cuando la diferencia de edad entre víctima y abusador es de 5 años o más, para víctimas menores de 12 años.

Para los fines de nuestro protocolo sólo tendrán consideración los adolescentes como potenciales abusadores cuando dentro de nuestra organización o servicio se encarguen de niños más pequeños, bien como trabajadores contratados (muy infrecuente), bien como alumnos en prácticas o como voluntarios. En estos casos, deben conocer el protocolo igual que los adultos.

Precisamente el hecho de que sea un adulto cercano, en quien confía el niño/a o adolescente, investido de autoridad profesional o moral quien abuse sexualmente, suele tener consecuencias mucho más graves que el mismo abuso cometido por un desconocido. Es frecuente que los agresores se sirvan no sólo de la cercanía, sino de la amistad o de la admiración que les profesa un/a niño/a o adolescente para conseguir su objetivo de abuso impune.

Finalmente señalamos que parece que no existe un perfil de agresor; no hay características psicosociales que puedan alertarnos sobre la predisposición al comportamiento abusivo de un adulto.

5. LA PREVENCIÓN DEL ABUSO SEXUAL EN NUESTRA ORGANIZACIÓN

5.1. LA SELECCIÓN DE PERSONAL

La selección de personal marca el inicio de la actuación preventiva. Incluye la selección de profesores, monitores, entrenadores, personal auxiliar y de mantenimiento, es decir, de todo el personal con posible contacto con los niños:

– Es obligatorio solicitar a la persona que va a ser contratada un certificado negativo del Registro Central de Delincuentes Sexuales.

– Explorar en entrevista las dudas sobre su trabajo con los menores: problemas y ventajas.

– Informar de la existencia y del contenido del protocolo en el momento de la selección

– En algunos centros y servicios privados se acostumbra a pedir referencias escritas. Estas referencias deben ser comprobadas, preferiblemente mediante conversación con la persona que refiere (anteriores empleadores).

5.2. ESTABLECER BUENAS PRÁCTICAS PREVENTIVAS.

Se trata de establecer una manera de actuar que procure un entorno seguro y «la propia protección de los trabajadores o voluntarios».

Todo adulto que tenga contacto habitual con menores de edad debe conocer bien su papel, cuál es su trabajo y conducirse de manera profesional:

1. Las muestras físicas de afecto pueden ser expresadas por medio del contacto siempre en zonas “seguras” como espalda, hombros, cabeza, brazos…. En nuestro contexto cultural es habitual que maestros y monitores abracen, cojan en brazos y besen a niños de corta edad, y que se abrace y bese a niños mayores y adolescentes. Estas muestras de afecto tienen sus límites socialmente aceptados: los besos se dan en las mejillas (o donde el niño pequeño se acaba de dar un golpe), no se abraza a la fuerza ni con excesiva presión ni duración y no se tocan jamás zonas íntimas.

2. Respetar la integridad física y emocional del niño; permitirle rechazar muestras de afecto incluso en el caso de que sean bienintencionadas. 3. Evitar quedarse a solas con un niño/a:

– Examinar a un niño/a enfermo o herido en presencia de otro adulto.

– Hablar en privado con un niño/a en un entorno visible para los demás. Las salitas con puerta o pared de cristal son ideales para este fin.

– Dejar la puerta abierta cuando se habla con un niño/a en un despacho o habitación que no dispone de puerta o pared de cristal. O bien hablar con él en un exterior donde otros adultos puedan ver el encuentro.

– Indicar a los padres la situación en la que se va a estar o se ha estado a solas con un niño/a o cuando se va tener o se ha tenido un contacto físico relevante (masaje en una pierna tras un tirón, por ejemplo).

4. En este sentido, la organización puede llevar a cabo una estrategia de máxima visibilidad en el edificio donde atiende a los menores: instalación de ventanas en las puertas o cambio a puertas de cristal, buena iluminación de todas las áreas, política de “puerta nunca cerrada”, etc.

5. Prohibición absoluta de juegos, bromas, castigos o cualquier actividad que implique desnudarse, besarse u otras conductas que puedan tener connotación sexual.

6. Avisar e informar a los padres de salidas con pernocta, asegurar un número suficiente de acompañantes y organizar lo necesario para que los niños/as pasen la noche adecuadamente. No se permite compartir habitaciones de hotel o tiendas de campaña con adolescentes o niños, salvo que esté claramente justificado.

7. Los profesores o monitores deportivos o de campamento no pueden entrar en los vestuarios, baños ni duchas mientras estén los menores, y si han de hacerlo por razones educativas o de control, deberán entrar, a ser posible, dos adultos y del mismo sexo que los menores presentes. Salvo que sea imperativo actuar, se mantendrán a distancia de los menores que están cambiándose o duchándose respetando en todo momento su intimidad y dignidad.

8. Prohibición de mantener encuentros o comunicaciones con alumnos fuera del contexto colegial/deportivo/etc., ya sean presenciales, por correo electrónico o móvil o en plataformas sociales ajenas a las oficiales del centro o grupo.

9. Es motivo de despido inmediato cualquier relación sentimental de un adulto con alumnos, jugadores, etc. menores de edad.

10. Los sentimientos de afecto y/o enamoramiento hacia profesores o monitores a menudo responden a la consideración del adulto/a como ídolo. La persona adulta ha de conocer su propia responsabilidad en las situaciones en que los y las adolescentes manifiestan sentimientos de enamoramiento hacia un adulto (entrenadores/as, profesorado, monitores, formadores/as, etc.). El adulto no debe responder a ese tipo de afecto, sino establecer de forma sensata y con buenas maneras los límites adecuados de comportamiento y relación. Por ello se debe cuidar primero todo maestro o cuidador de cualquier muestra de favoritismo, de afecto señalado. Cuidar los pensamientos y sentimientos propios, las cosas que se leen o ven en televisión, ordenador, etc. que puedan incitar a comportamientos desordenados. Lo que se vence en el terreno del pensamiento evita que se acabe en el terreno de los hechos.

11. La toma de cualquier imagen de los menores se llevará a cabo cumpliendo la normativa vigente (protección de datos personales, etc.) y con los medios del centro (cámaras de fotos, de vídeo,…), nunca con material personal del trabajador. Estas imágenes se guardarán en un archivo único del que será responsable el centro o asociación.

12.”Por ello deben ser modelos de comportamiento en todos los terrenos para los menores”. No se debe olvidar para ello el apoyo y fortaleza que el creyente encuentra en la moral de la Iglesia, en la oración, en la vivencia de las virtudes y el recurso a los sacramentos frecuentes.

La dirección del centro o servicio o quien ostente la función de supervisión debe actuar siempre que el profesorado/monitores/ voluntarios vulneren o no sigan las buenas prácticas preventivas del protocolo. La actuación de la dirección puede ir de una simple indicación o sugerencia de mejora a una llamada de atención, o, en el otro extremo, una seria advertencia o directamente la apertura de un expediente o el despido, previo el correspondiente procedimiento.

5.3. FORMACIÓN DE LOS NIÑOS Y ADOLESCENTES.

Los centros deberán contar con un programa de prevención para los menores, ajustado a cada edad. El Convenio del Consejo de Europa para la protección de los niños contra la explotación y el abuso sexual aprobado el 25 de octubre de 2007 establece como medida preventiva que los niños reciban, durante su educación primaria y secundaria, información sobre los riesgos de explotación y abuso sexual, así como sobre los medios para protegerse, adaptada a su etapa evolutiva.

5.4. FORMACIÓN DE LOS PADRES

Uno de los objetivos principales es conseguir que las madres y padres enseñen a sus hijos a decir no y a contarles sin miedo el abuso si éste llegara a producirse. A partir de los 5 o 6 años los padres directamente pueden mantener una conversación sobre el abuso; por debajo de esa edad pueden utilizar material específico para la primera etapa de Educación infantil.

6. ACTUACIÓN DE NUESTRA ORGANIZACIÓN FRENTE A CASOS DE ABUSO SEXUAL

6.1. EL COMPORTAMIENTO SEXUAL SEGÚN LA EDAD.

El comportamiento sexual de un niño/a debe alertar si:

– Usa la fuerza o la intimidación.

– Intenta mantenerlo en secreto.

– La conducta resulta compulsiva o el niño/a está obsesionado/a con ella. A continuación se muestra un esquema de la conducta sexual normal durante la infancia.

0-5 AÑOS

– Los niños de esta edad muestran una intensa curiosidad por casi todo, incluyendo su propio cuerpo. A menudo les gusta estar desnudos.

– La autoestimulación puede iniciarse en la primera infancia y continuar durante todo el desarrollo, tanto como medio de relajación como medio para obtener placer.

– Los niños pequeños muestran curiosidad por su cuerpo y por el de los demás. Esta curiosidad les impulsa a mirar y tocar partes del cuerpo de otros, incluyendo los genitales. Esta actividad exploratoria se acompaña a menudo de risitas y diversión, sin que haya comportamiento coercitivo.

– El comportamiento de los niños en edad preescolar es fácilmente reconducible cuando se establecen límites claros.

6–10 AÑOS

– Los niños en edad escolar continúan explorando su cuerpo. Muestran interés por su propio cuerpo y por el de los demás, sobre todo si empiezan algunos cambios.

– Aparece el pudor, la necesidad de intimidad.

– Empiezan a interesarse por información sobre sexualidad y miran con interés libros y dibujos que expliquen sus propios órganos y funciones.

– La curiosidad por la sexualidad toma la forma de juegos del tipo “Yo te enseño lo mío si tú me enseñas lo tuyo”.

– En esta edad hay interés por las palabras sexuales y por las bromas y los chistes denominados “verdes”.

– Aparece un cierto interés por el otro sexo.

11–12 AÑOS (pre-adolescentes)

– Los preadolescentes están centrados en establecer relaciones con sus iguales

– Pueden entablar alguna actividad sexual con sus iguales, incluyendo besarse y acariciarse.

– Pueden intentar imitar conductas sexuales que han visto (de forma peligrosamente habitual en los teléfonos inteligentes) o de las que han oído hablar.

– Según recientes estudios, un primer acceso a la pornografía se produce a los 8 años y uno de cada cuatro varones se ha iniciado ya en el consumo de contenidos pornográficos en Internet antes de los 13 años.

– Los preadolescentes pueden involucrarse en actividades sexuales con otros preadolescentes de su propio sexo o del sexo contrario.

– Insistimos en la importancia de educar adecuadamente los comportamientos y hacer las debidas correcciones para facilitar la adecuada integración de los afectos en el amor verdadero.

6.2. DETECTAR EL ABUSO SEXUAL: OBSERVANDO Y ESCUCHANDO A NIÑOS Y ADOLESCENTES

Las personas que desarrollan su actividad en servicios o recursos dirigidos a la infancia y adolescencia deben ser capaces de reconocer los signos de un posible abuso. Hay dos maneras básicas en las que se manifiesta el abuso que está sufriendo un niño: mediante indicadores o mediante revelación. Toda persona que interviene con niños debería ser capaz de responder ante ambos.

Los indicadores Muchos niños y niñas no cuentan ni expresan lo que les pasa por alguna o varias de estas razones:

– Son muy pequeños para hablar de ello (menores de 3 años).

– No comprenden que lo que sucede es anormal ni dañino.

– Tienen miedo de que les tachen de mentirosos.

– Les da vergüenza.

– Viven emociones o sentimientos contradictorios (vergüenza y atracción; admiración y malestar,…)

– Están a merced del agresor, están amenazados o lo creen así.

– Tienen miedo a la intervención de la policía.

– Tienen miedo o ansiedad por la reacción de todo su entorno, incluyendo disgustar a padres o profesores, hacer estallar un escándalo, provocar reacciones violentas, etc.

– Se sienten culpables. La culpabilidad es una de las causas más potentes del silencio de los niños mayores y de los adolescentes (culpa por haberlo provocado, culpa por no haberlo impedido, culpa por seguir permitiéndolo, culpa por no haberlo contado antes…) Pero aunque no lo cuenten, el abuso deja un rastro de pruebas o señales que llamamos indicadores. Nuestra obligación como organización es conocer aquellos indicadores que deben alarmarnos.

6.2.1 INDICADORES DE ABUSO SEXUAL INFANTIL

INDICADORES FÍSICOS

– Dolor, sangrado o secreción genital o anal inexplicable o persistente.

– Rasgados, erosiones, contusiones y hematomas en zonas íntimas.

– Embarazo.

– Enfermedades de transmisión sexual

INDICADORES DE COMPORTAMIENTO (Para todas las edades)

– Realiza juegos sexualizados impropios para su edad o muestra conocimientos sexuales sofisticados o inusuales para su edad.

– Fuerza o coacciona a otro/s niño/s a participar en juegos sexuales. – Inserta objetos en zonas íntimas.

– Se viste con varias capas de ropa o duerme vestido.

– Se encoge o retrae defensivamente cuando le tocan.

– Muestra conductas sexuales hacia los adultos, se muestra claramente seductor hacia los adultos.

– Muestra trastornos del sueño o/y de la alimentación.

– Tiene mucho miedo a los varones o a determinadas personas. Ha desarrollado fobias.

– Tiene comportamiento compulsivo claro.

– Han cambiado mucho sus notas/logros o su asistencia a clase/entrenamientos.

– Parece incapaz de concentrarse o muestra cambios radicales en el desempeño o la actitud.

Más frecuente en niñas/os pequeños

– Comportamiento inapropiado para su edad: pseudomaduración o, más frecuentemente, regresión (por ejemplo, vuelve a chuparse el pulgar)

– Muestra miedo o se resiste a entrar en aseos o en otros lugares. Más frecuente en niñas/os mayores y adolescentes

– Grita sin mediar provocación o daño.

– Se muestra apática/o o depresiva/o.

– Sufre fatiga crónica.

– Se comporta de modo llamativamente promiscuo.

– Ha intentado suicidarse o muestra otros comportamientos autodestructivos (se hace cortes superficiales en alguna zona del cuerpo, por ejemplo).

– Tiene regalos, dinero, ropa nueva o de marca cuyo origen no explica o cuya explicación no es creíble.

– Mantiene en secreto o actúa clandestinamente en relación a sus “nuevos” amigos, actividades, llamadas telefónicas o uso de Internet. – Está implicado en actividades de explotación sexual, como actuaciones o contactos sexuales a cambio de dinero.

– Está involucrado en comportamientos como abuso de alcohol, robos o hurtos, pequeños incendios, vandalismo…

Es importante recordar que algunos de estos indicadores de comportamiento, los que no tienen connotación sexual, pueden estar apuntando a otros problemas diferentes del abuso. Pueden estar expresando malestar por maltrato sin contenido sexual, malestar por una situación de separación o divorcio, por la muerte de un ser querido, celos por un hermano,… Deben alertarnos especialmente las conductas llamativas de talante o ámbito sexual, pero sin despreciar los cambios repentinos y radicales del comportamiento habitual del menor.

A menudo, tras reconocer indicadores, muchos adultos sienten la necesidad de saber o conocer algo más antes de decidirse a comunicarlo. Por ejemplo, obtener alguna aclaración de lo que dice el niño o interrogarle sobre lo que hace o la ropa que trae. Pero no debe tomarse la iniciativa de entrevistar formalmente a un niño o adolescente, debemos dejarlo en manos de un profesional preparado, si llegara el caso.

Cuando los indicadores no son obvios, no hay impedimento para que, en la relación habitual que mantenemos con el niño, le expresemos nuestra preocupación por lo que estamos observando. Para ello, es útil seguir las siguientes indicaciones:

– Acercarse al niño/a cuidadosamente, conduciéndonos de manera informal y relajada.

– Asegurarse de que se va a tener tiempo suficiente y un entorno donde el niño o adolescente se sienta seguro.

– Expresar de manera neutral y objetiva nuestra preocupación y preguntar o buscar las explicaciones sobre los indicadores observados (“Estoy preocupada por ti, Alberto, últimamente se te ve muy triste, ¿ha pasado algo?”; “¡Vaya pulsera que llevas, Gema!, es preciosa y parece muy cara… ¿quién ha tenido ese detalle contigo?”)

– Escuchar atentamente y mostrar siempre nuestra confianza en el niño.

También podemos prever un acercamiento a los padres del niño y de manera discreta, tranquila y somera comunicar lo que estamos observando, mostrando nuestra extrañeza y/o nuestro interés por algún cambio en el entorno familiar que pueda haberse producido.

Aunque los indicadores por sí mismos no demuestran el abuso (salvo los físicos evidentes), nos están mostrando que algo pasa y que es necesario saber más sobre las circunstancias del niño. Por eso es importante que se notifiquen a la dirección del servicio o centro, al departamento de orientación del Instituto o del colegio, a los servicios sociales de la localidad, según sea nuestro rol en la organización y la gravedad de lo que observamos, como veremos más adelante.

Hay que señalar que los indicadores físicos no son habituales y tienen poca persistencia temporal, por lo que lo habitual es que sólo contemos con indicadores comportamentales o emocionales y/o relatos, habitualmente incompletos, de los hechos.

6.2.2 LA REVELACIÓN: EL FIN DEL SECRETO

La experiencia muestra que los niños y niñas que revelan el abuso, a menudo lo han hecho varias veces antes de conseguir que su entorno atendiera su demanda y actuará.

Revelación indirecta. Hay niños que por su edad o por otras circunstancias, no cuentan directamente el abuso, pero lo revelan de manera indirecta mediante dibujos, relatos escritos, preguntas o discusiones sobre sentimientos o relaciones personales. También colocando el problema en terceros (“ese entrenador le tocó “ahí” a un amigo mío”) o haciendo de simple divulgador/a (“dicen que el profe de plástica mete mano a las niñas”).

Revelación directa. Es relativamente infrecuente que los niños revelen directamente el abuso que están sufriendo. Si lo hacen, pueden empezar colocándolo fuera de sí mismo/a, utilizando un ejemplo para explorar cómo reacciona el adulto y, enseguida o poco tiempo después, hablarnos como víctima directa.

Algunos niños lo revelan a otros niños, pero no a los adultos. Sólo si estos últimos, normalmente amigos muy cercanos, dan el paso de contarlo a un adulto, conoceremos la revelación (“María nos ha enseñado su diario y pone que el monitor la hizo desnudarse y…”). Es también frecuente que estos amigos o la propia víctima lo revelen bajo condiciones de secreto (“prométeme que no se lo vas a contar a nadie, por favor”).

La revelación nos enfrenta crudamente a la realidad del niño y es insoslayable. De ahí la importancia de saber cómo actuar. La falta de reacción no solo mantiene al niño en situación de riesgo, sino que le envía el mensaje de que, aunque lo cuente, no va a tener respuesta, invitándole al silencio.

6.2.3 CÓMO CONDUCIRSE DURANTE UNA REVELACIÓN DE ABUSO

LO IMPORTANTE ES SER SENSIBLE A LAS NECESIDADES DEL NIÑO. Cuando un niño o adolescente nos confía su secreto o nos muestra claramente lo que está ocurriendo, nuestra primera y principal tarea es apoyarle. Un niño que está siendo abusado es especialmente vulnerable. Necesita sentir que le creemos, que estamos dispuestos a escucharle y ayudarle. Debemos conducirnos de manera que, dando una respuesta a sus necesidades, no aumentemos su ansiedad o añadamos sufrimiento.

NO DEBE POSPONERSE LA REVELACIÓN DEL NIÑO/A. Debe escuchársele en el momento que ha elegido para iniciar la comunicación, sin retrasarla. Es importante seguir estas Indicaciones durante una revelación de abuso:

MANTENGAMOS LA CALMA Y ESCUCHEMOS CON ATENCIÓN, SEAMOS CÁLIDOS: Comportarse con calma muestra al niño/a que podemos aceptar su relato y le anima a contar lo que ha pasado. Además le enseña que puede hablar, que puede tratar lo ocurrido con otras personas. Naturalmente, mantener la calma nos ayuda también a nosotros a escuchar con atención y sin interrumpir:

– No mostremos nuestras emociones (cólera, estupefacción, indignación,…): el niño puede sentirse inhibido o desencadenar mucha más ansiedad o miedo.

– No juzguemos ni insultemos. Si tenemos que referirnos al abusador, lo haremos como una persona que necesita ayuda, especialmente si es un familiar del niño (padrastro, hermano, tío, amigo de los padres…)

– No interrumpamos la revelación, procuremos un contexto favorable a la comunicación. Pero si no es posible, si se produce espontáneamente por ejemplo, en medio del patio durante el recreo, paseemos con el/la niño/a buscando las zonas con menor ruido o una sala donde no haya interferencias. El momento es tan importante que cualquier otra obligación queda pospuesta.

– Aun así, no nos conduzcamos con solemnidad, la conversación ha de ser cálida y cercana. No estamos investigando ni entrevistando al niño o adolescente.

– No mostremos nuestra incomodidad haciéndole preguntas. Es normal sentirse incómodo o inseguro mientras un niño nos está revelando un abuso. Es útil hacer preguntas abiertas y generales tal y como “¿quieres decirme algo más sobre lo que ha pasado?”

– Sólo necesitamos saber hechos básicos, no indaguemos. En el momento en que la información que nos está transmitiendo sea suficiente para tener claro que es un abuso, intentemos que la conversación gire en torno a nuestro apoyo y a lo que vamos a hacer.

DEMOS APOYO Y CONFIANZA: El niño/a que está relatando su abuso se siente muy vulnerable y ansioso sobre lo que los demás van a pensar o sobre lo que va a ocurrir.

Tras su revelación:

– No mostremos dudas sobre lo que el/la niño/a nos está contando o sobre algún detalle, no corrijamos los errores o imprecisiones que detectemos en el relato.

– Digamos al niño/a lo que pensamos que va a ocurrir tras la revelación: que le vamos a ayudar, que vamos a comunicarlo a personas que pueden apoyarle, que lo tienen que saber sus padres.

– Contestemos a sus preguntas sinceramente. Si no sabemos la respuesta, reconozcámoslo (“No estoy segura, la verdad”, “Pues no lo sé, pero me voy a enterar”)

Lo que tenemos que decirle al niño/a o adolescente:

– Que le creemos.

– Que ha hecho muy bien en contarlo, que es muy valiente.

– Que él/ella no tiene la culpa, que no es responsable.

– Que vamos a hablar o ponerlo en conocimiento de las personas que pueden ayudarle y/o hacer que termine.

– Que saldrá adelante (“sé que ahora te sientes muy mal, pero te vamos a ayudar y ya verás cómo vuelves a sentirte bien”…)

Lo que no hay que hacer o decir:

– Cuestionar lo que dice el niño/a (“¿estás seguro/a?”, “¿no será un malentendido?”, “¿no lo habrás malinterpretado?”, “pero si estaba cerrado, ¿cómo pudo ocurrir allí?”) Esto no significa que no nos cuestionemos lo que cuenta, que no tengamos hipótesis alternativas, pero corresponde a un profesional especializado valorar la veracidad del relato del niño.

– Pedir detalles. Es muy importante no influir sobre el recuerdo o la expresión que el niño realiza del abuso. Si pedimos detalles o aclaraciones estamos ya influyendo en su relato. Es muy importante que el niño/a declare sólo una vez y ante profesionales que puedan validar su testimonio.

– Usar palabras que pueden asustar al niño o adolescente (abuso, cárcel, delincuente, denuncia, policía, detención).

– Afirmar que esto no debemos contárselo a nadie.

– Asegurar que sus padres lo comprenderán o prometer algo que no podemos cumplir.

6.2.4 PONGAMOS POR ESCRITO LO QUE ACABAMOS DE OÍR

Tras el encuentro con el niño es importante que tomemos notas de lo que acaba de contarnos lo más pronto posible. Esa es ahora nuestra prioridad, antes de dar otro paso.

Esas notas deben ser lo más fieles posible a lo que el niño ha dicho, recogiendo lo que recordemos literalmente de su discurso, aunque el niño haya usado palabras chocantes o malsonantes.

Reflejemos el día y la hora. También si el adolescente o niño mostró algún comportamiento relevante: ha ido bajando la voz hasta casi hablar con susurros; ha llorado; nos ha tenido cogidos de una mano apretando muy fuerte, etc.

Las notas pueden ser muy importantes porque a partir de este momento también nuestro recuerdo va a empezar a sufrir cierta distorsión al comunicarlo o repensarlo. Las notas anclan nuestro recuerdo y evitan una excesiva reelaboración.

6.2.5 LA REVELACIÓN DE LOS PADRES

También pueden ser los padres quienes nos comuniquen los indicadores, la sospecha o la revelación de su hijo/a sobre un posible abuso por parte de alguien de nuestra organización. En este caso, ya no nos compete entrevistarnos con el niño; acordaremos con los padres la comunicación a la dirección.

Debe ser la dirección quien mantenga una entrevista con los padres, contando con una persona del Equipo de Orientación del centro, con un miembro del Servicio de Inspección Educativa y, si resulta oportuno, con la presencia también del /de la profesional al que inicialmente se han dirigido. En ningún caso se citará al niño/a o adolescente a esta reunión de adultos: ya ha revelado o mostrado lo que le está pasando y lo ha hecho en un contexto que le resulta cercano, conocido y protector, en su casa, a sus padres. Si tiene que volver a hablar de ello, será ya ante profesionales expertos en abuso (servicios sociales, peritos, fiscalía, etc.).

De nuevo es importante tomar nota de lo que se habla en esta reunión, especialmente de lo que dicen los padres y de los compromisos o acuerdos de actuación.

6.3. LA COMUNICACIÓN INTERNA: NOTIFICACIÓN A LA DIRECCIÓN DE LA SOSPECHA O REVELACIÓN DEL ABUSO

No sólo a la víctima le gustaría que no hubiera ocurrido el abuso, también los adultos quieren que no sea verdad, no haber oído lo que acaban de oír o visto lo que acaban de ver… asusta y perturba el abuso sexual de un adulto cercano, que incluso puede ser un colega, o un conocido con prestigio.

Aceptemos nuestra inquietud, miedo, ansiedad e incredulidad como la reacción defensiva que es, pero no aceptemos que nos impida actuar.

6.3.1 LA OBLIGACIÓN MORAL Y ÉTICA

Todos estamos de acuerdo en que el bienestar de la infancia es un valor social que compete a todos los adultos, especialmente a los padres y a los profesionales que intervienen con niños y adolescentes.

Detectar el abuso de un menor nos coloca de repente ante el ejercicio real de esta responsabilidad. Ha llegado la hora de la verdad y de comprobar, primero en nosotros mismos, la fortaleza de esta convicción personal y social sobre la protección infantil; de comprobar nuestro compromiso real con los niños y adolescentes que vemos todos los días.

La sospecha o conocimiento de un abuso por parte de un compañero de trabajo, colega, subordinado o jefe, nos desplaza bruscamente de nuestra “zona de confort” laboral. Por eso es normal que nos asalten las dudas y entren en juego excusas que conforman nuestra resistencia a actuar.

Estos son los temores normales que asaltan al adulto que sospecha o le han revelado un probable abuso por parte de alguien de su organización: – A no tener pruebas suficientes: la revelación de un niño se considera suficiente para comunicarlo. No nos compete dirimir la veracidad del testimonio, no se trata de obtener pruebas para acusar, estamos hablando de proteger a uno o a muchos menores. En cuanto a los indicadores, aunque no sean indicadores de gran fortaleza, debemos al menos comunicarlos.

– A destruir el entorno habitual de trabajo o actividad en el que nos movemos cómodamente: pero la revelación acaba de hacer añicos nuestra visión del entorno de trabajo, hemos descubierto que es un entorno enfermizo, contiene un secreto, y no nos podemos hacer cómplices.

– A destrozar el prestigio y la carrera profesional de un/a compañero/a: pero es él /ella quien probablemente la ha destrozado, no puede atender niños quien abusa. Puede estar haciendo mucho daño y seguirá haciéndolo si nadie lo evita.

– A destrozar a una familia, la del abusador, sobre todo si conocemos o sabemos que tiene cónyuge e hijos: pero él, o ella, no ha tenido esa consideración hacia su propia familia; si tiene un problema y necesita ayuda, ha de enfrentarse a ello con o sin el apoyo de su familia.

Una revelación de abuso se extiende a la situación en que el abusador ya no está en nuestra organización, siempre que la víctima siga siendo menor de edad. El abusador puede seguir abusando en otras organizaciones, dañando a otros niños/as.

Finalmente, recordemos que todos tenemos el deber de comunicar un abuso del que tengamos conocimiento; y el hecho de proteger a los niños está por encima del deber de guardar la confidencialidad de la información de estudiantes, familias, pacientes, clientes o colegas.

6.3.2 LA OBLIGACIÓN LEGAL

De acuerdo con la legislación vigente en España, la Notificación es una obligación legal para todos los ciudadanos, especialmente para los profesionales que trabajan con menores de edad, tal y como se establece en los siguientes marcos legales: 1. Ley Orgánica 1/1996, de 15 de enero, de Protección Jurídica del Menor, de modificación parcial del Código Civil y de la Ley de Enjuiciamiento Civil, en su Artículo 13, Obligaciones de los ciudadanos y deber de reserva: “1. Toda persona o autoridad, y especialmente aquellos que por su profesión o función, detecten una situación de maltrato, de riesgo o posible desamparo de un menor, lo comunicarán a la autoridad o a sus agentes más próximos, sin perjuicio de prestarle el auxilio inmediato que precise. (…) Las autoridades y las personas que por su profesión o función conozcan el caso actuarán con la debida reserva. En las actuaciones se evitará toda interferencia innecesaria en la vida del menor”. ….4. Toda persona que tuviera noticia, a través de cualquier fuente de información, de un hecho que pudiera constituir un delito contra la libertad e indemnidad sexual, de trata de seres humanos, o de explotación de menores, tendrá la obligación de ponerlo en conocimiento del Ministerio Fiscal sin perjuicio de lo dispuesto en la legislación procesal penal. 2. El artículo 262 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal (LECrim) establece: “Los que por razón de sus cargos, profesiones u oficios tuvieren noticia de algún delito público, estarán obligados a denunciarlo inmediatamente al Ministerio Fiscal, al Tribunal Competente, al Juez de instrucción y, en su defecto, al municipal o al funcionario de policía más próximo al sitio, si se tratare de un delito flagrante”.

Aclarando responsabilidades y obligaciones: detección, comunicación y denuncia. El deber de reserva.

Detección y comunicación son dos hechos ligados, inseparables. Comunicar es notificar, transmitir la información sobre el supuesto caso de abuso. Es una condición necesaria para posibilitar la intervención y una obligación legal tanto para los ciudadanos como para los profesionales.

Vemos que hay dos niveles de comunicación: una interna, cuando el profesor/monitor u otro personal traslada a la dirección de su organización la sospecha o revelación del abuso. En un segundo nivel, igualmente imprescindible, deberá ser la dirección quién notifique a los servicios especializados esta información (institución autonómica de protección de menores) y al Ministerio Fiscal. La responsabilidad de valorar, verificar o confirmar el abuso no corresponde al comunicante, sino a los servicios especializados. Nuestra obligación como organización es notificar las sospechas. No es necesario tener la certeza de que un niño o adolescente está siendo abusado. Comunicación y denuncia no son sinónimas. La denuncia es posterior a la comunicación o notificación y no corresponde al profesional que ha comunicado el abuso. Más adelante veremos quienes deben y quienes pueden denunciar. Finalmente, insistir en el deber de reserva de los profesionales o voluntarios que han detectado y comunicado. El deber de reserva, que es también una obligación ética y legal, significa que la persona que ha detectado y comunicado debe ser discreta, guardar la confidencialidad de lo que ha conocido, sin que quepa ningún tipo de difusión, ni pública ni privada. Sólo comunicará lo que sabe a los profesionales implicados en la intervención para resolver el problema y, en su caso, a los padres. Todos estos profesionales y también los padres, deben a su vez conducirse con reserva. Estamos hablando de hechos presuntamente graves que afectan a la vida e intimidad tanto de la víctima como del agresor.

6.4. LA ACTUACIÓN DE LA DIRECCIÓN

El primer objetivo de compartir información es la protección y bienestar del niño/a. Al listar al inicio las conductas consideradas como abuso sexual, está clara la diferencia entre el envío de un mensaje obsceno y una violación. Sea como fuere, la dirección siempre debe actuar.

Si el/la menor acaba de sufrir un abuso que requiere atención médica o del que pudiera haber claras evidencias físicas, se le llevará sin demora a un servicio hospitalario de urgencia, avisando inmediatamente a los padres. Se comunicará al médico la sospecha o revelación. En los servicios de urgencia activarán su propio protocolo de actuación ante maltrato.

Lo mínimo es la apertura de un expediente en los casos más leves, en que el abuso ha consistido en pullas, chistes de mal gusto u obscenidades. Será la dirección quien deberá decidir si es suficiente para la rescisión del contrato laboral o de voluntariado del profesor o monitor.

La dirección debe actuar sin dudarlo y de manera contundente.

Pero habitualmente no nos enfrentamos a una agresión que haya podido dejar señales físicas, por lo que nuestra actuación no es tan sencilla.

6.4.1 LA RETIRADA DEL PRESUNTO AGRESOR

La persona que dirige el centro escolar, campamento o servicio deberá dirigirse a la dirección o gerencia de su organización para explicar lo que ha ocurrido y acordar el primer paso: la entrevista con el/la presunto agresor y su retirada del contacto con los niños y adolescentes. Por razones de apoyo y de prueba, debe haber otra persona u otras dos personas junto con el/la director/a en esta entrevista (inspector, gerente, coordinador de la organización, jefe de estudios del centro, orientador, subdirección, etc.). Entre ambas deben acordar el contenido de la entrevista, quien va a conducirla y anticipar reacciones y respuestas.

El objetivo de la entrevista con el presunto abusador es prohibirle expresa y firmemente hablar o intentar contactar con cualquiera de los niños y adolescentes del centro/campamento.

No debe revelarse la identidad de la víctima, por seguridad, porque no sabemos si hay más niños afectados, porque no debemos dar ninguna pista al presunto abusador,… el objetivo de la entrevista no es aclarar lo que ha pasado, objetivo que sí tendrá el presunto abusador. Por razones obvias, se le deberán adjudicar tareas fuera del espacio físico donde pueda encontrarse con la víctima u otros menores hasta que se aclare lo sucedido; si no es posible, se le deberá obligar a tomar vacaciones o a trabajar en casa, mientras se busca un espacio y/o funciones sin contacto con los niños. De nuevo, recordemos aquí el deber de reserva para los implicados en todas estas actuaciones.

Siendo esto así, no debemos olvidar el principio de presunción de inocencia que rige para toda persona. Habrá que buscar el equilibrio verdadero entre proteger a los menores y en no culpar injustamente a educadores o voluntarios.

6.4.2 LA COMUNICACIÓN A LOS PADRES

Antes de comunicarlo a los padres, si se considera necesario, puede consultarse a algún profesional experto, para que oriente. La entidad competente en protección de menores en cada provincia o comunidad autónoma puede orientar en estas actuaciones primeras. La organización deberá tener actualizado en su protocolo los teléfonos de esta entidad o el Teléfono Europeo de Atención a la Infancia (116 111). Es un servicio gratuito, confidencial, disponible 24 horas, atendido por profesionales y gestionado a nivel autonómico. A través de este servicio se puede obtener asesoramiento y orientación respecto a los pasos a seguir. Dado su gestión a nivel autonómico, el servicio conoce los recursos, dispositivos y procedimientos existentes en función del lugar de residencia del menor.

La comunicación a los padres no puede demorarse, ya que han de proteger a su hijo y buscar ayuda lo antes posible. El protocolo fija esta comunicación en las 24 a 48 horas siguientes a la notificación a la dirección.

De nuevo, con la dirección debe estar, al menos, una persona del Equipo o Departamento de Orientación, y en su defecto, de la jefatura de estudios o de la gerencia de la organización o de la Inspección. A los padres debe explicárseles lo que se sabe (la revelación del niño o de otros) y los pasos que ya se han dado. Debe disponerse de los datos de contacto del servicio público especializado en abuso sexual infantil si existiera, del servicio autonómico competente en maltrato o abuso, para que pueda orientarles, o bien proporcionar el Teléfono de Atención a la Infancia ya citado (116 111). El contenido de esta reunión ha de girar en torno a estos mensajes importantes:

-La posición del centro: lamentar profundamente lo ocurrido y explicar la medida tomada para apartar al presunto abusador.

-Devolver el protagonismo a los padres: que su hija/o no les haya revelado el abuso no quiere decir que no confíe en ellos o no les quiera. Su hijo/a no quería preocuparles ni hacerles daño, o bien temía que no supieran manejar con tranquilidad la situación.

– Darles orientaciones como:

+ que no pidan explicaciones pormenorizadas al niño/a sobre lo ocurrido; + que le den un mensaje de protección simple y cálido que le permita seguir con su vida habitual sin aumentar su ansiedad. Es fundamental que el hijo/a perciba su apoyo y lo importante que es para Uds.

+ que no le restrinjan las actividades habituales, no sobreprotegerle.

-Apoyar a los padres: asegurarles que no están solos, que cuentan con el apoyo del colegio/instituto/servicio y que hay profesionales que pueden apoyarles.

Si la revelación o los indicadores señalaran a un presunto abusador en la familia nuclear, deberá ponerse en conocimiento de la institución autonómica competente en protección de menores sin comunicación previa ni posterior a los padres, obviamente. Esta notificación ha de hacerse formalmente y por escrito, con el mayor detalle posible o utilizando las Hojas de notificación que existen para este efecto. En el caso de los colegios e institutos, debe ser el Equipo o Departamento de Orientación junto a la dirección quien redacte esta notificación. La dirección deberá procurar y apoyar el posible encuentro entre profesionales de protección de menores y el niño, si le demandan el encuentro en horario escolar, facilitando el acceso de los funcionarios de protección y facilitando un despacho donde pueda llevarse a cabo la cita.

La notificación y la denuncia

Pueden ser los padres quienes interpongan directamente la denuncia ante el Juzgado o ante las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad (comisaría de policía nacional, cuartel de la guardia civil o policía foral) y desde el punto de vista del niño es lo más lógico. Estas denuncias, que abren la vía penal, no requieren abogado ni procurador, aunque habrá padres que se sientan más seguros contando con un abogado de su elección.

En todo caso, debe recordarse que la dirección de la organización (la gerencia, la dirección o la Inspección educativa) debe notificar la revelación o la sospecha a la Fiscalía.

Ya hemos dicho que, en el caso de que el abusador sea intrafamiliar, la dirección de la organización deberá notificarlo a la entidad de protección de menores que corresponda (Comunidad Autónoma, Cabildo o Diputación Foral).

La confidencialidad de todos los implicados

La dirección debe salvaguardar la identidad de la/s víctima/s, del presunto abusador/a, y de la persona que ha recibido la revelación o que ha comunicado la sospecha. La organización debe salvaguardar la identidad de todos, salvo ante la policía/juzgado y/o los servicios sociales especializados en protección a la infancia, obviamente.

Sin embargo, hay que aclarar que no es posible mantener oculta esta identidad en el momento en que se inicia un procedimiento judicial. En cualquier caso, la dirección se compromete a no revelar, ni confirmar ni desmentir, la identidad de la persona que ha comunicado el abuso, ante el resto del personal, los padres y alumnos, la prensa, etc.

La comunicación al resto de profesores/ grupo de monitores y al resto de padres

En principio la dirección no debería tomar la iniciativa de dar más publicidad al caso, ni entre el resto de profesorado o monitores ni entre los padres. Sin embargo es posible que, pasados los primeros días o semanas, no puedan evitarse los rumores y las preguntas, sobre todo si hay varios niños o adolescentes como posibles víctimas.

Por otro lado, la información al resto de padres puede ser fundamental para detectar si ha habido otras víctimas y para orientar sobre cómo manejar la situación. La dirección debe acotar claramente el grupo de profesores/monitores y el grupo de padres cuyos alumnos e hijos podrían haber tenido contacto con el presunto abusador. La información sólo va dirigida a estos dos grupos concretos, con el que se mantendrán reuniones independientes.

En estas reuniones se explicará la situación, sin detalles y sin identificación de víctimas y abusador, y las medidas tomadas (separación del profesor/monitor presuntamente abusador, notificación a la gerencia o Inspección, asesoramiento a los padres implicados y denuncia a la administración de justicia). Se hará hincapié sobre la presunción de inocencia y la colaboración del colegio/centro/entidad con la administración de justicia y con la entidad competente en protección de menores.

Puede ocurrir que algunos o todos los padres muestren su preocupación y ansiedad ante la posibilidad de que su propio hijo haya sido víctima del presunto abusador y no se hayan enterado o percatado. La dirección, con el apoyo del Equipo de Orientación o de un profesional especializado de la entidad de protección de menores, debe tranquilizar a los padres, y recomendar que si no han notado un cambio de comportamiento o anímico del niño no le pregunten nada. En el caso de que haya habido un cambio llamativo de comportamiento del niño puede recomendarse que expliquen someramente a su hijo/a lo que ha pasado y le pregunten directa y tranquilamente si él ha notado algo o le han hecho algo.

La relación con los medios de comunicación

Debe calibrarse la necesidad de un portavoz o interlocutor para los medios de comunicación, si el abuso ha saltado a la opinión pública por su gravedad (hechos graves, varias víctimas, etc.). Habitualmente será el responsable último o la gerencia de la organización quien se entienda con los medios de comunicación.

Si es necesario un comunicado de prensa, oral o escrito, ha de ser lo más breve posible, evitando todo sensacionalismo y todo debate de naturaleza jurídica.

El comunicado de prensa debe incluir:

– los hechos objetivos de manera escueta, sin detalle y sin valoración alguna

– el apoyo y la solidaridad con la/s víctima/s

– la condena genérica de hechos de esta naturaleza;

– el derecho constitucional a la presunción de inocencia

– la colaboración con la Administración de Justicia.

Huelga decir que no se dan datos de identificación de víctimas ni de agresores. Si ya hubiera saltado a los medios de comunicación la identidad de la persona denunciada por abuso sexual, puede comunicarse la decisión de separación de la labor docente/actividad con los menores hasta que se aclaren los hechos, recordando de nuevo la presunción de inocencia. No debe revelarse el contenido de las reuniones con la víctima o sus padres, ni el de las reuniones con el abusador.

Nota final: Cuando el presunto abusador es la persona que ostenta la dirección del centro, servicio o campamento.

Todo lo dicho hasta aquí es exactamente igual si la revelación o sospecha recae sobre la persona que dirige el centro, el servicio o el campamento. La única diferencia es que el profesor o monitor que sospecha o conoce el abuso debe dirigirse a los máximos responsables de la institución (Arzobispado), buscando el apoyo de un jefe de estudios o de la persona responsable del Equipo/Departamento de Orientación (centros de educación) o dirigirse a la gerencia de la organización apoyado por otro profesor o monitor de su confianza.

A MODO DE RESUMEN

Lo que se debe hacer

1 Prevenir poniendo los medios necesarios.

2 Entre estos medios el principal es el cuidado de los propios comportamientos.

3. Actuar cuando detectamos síntomas o tenemos conocimiento. Es decir: 1 Comunicar a la dirección lo sucedido para que active el comité de crisis. 2 Acoger a la víctima y hablar con la familia. 3 Proporcionar atención médica. 4 Abrir una investigación a quien corresponda. 5 Alejar preventivamente al acusado de los menores y adoptar o reforzar las medidas de prevención necesarias. 6 Denunciar/comunicar a las autoridades. 7 Comunicar la crisis dentro del entorno.

Lo que no se debe hacer

1 No escuchar a la posible víctima.

2 Negar, de entrada, la posibilidad de que su denuncia sea cierta, o infravalorarla.

3 Culpar al niño, adolescente o adulto, del abuso o de las consecuencias de su denuncia.

4 Mantener a la víctima en contacto con el presunto agresor. No proteger a la víctima.

5 Enjuiciar, juzgar o acusar a otros.

6 No denunciar o comunicar, si hay constancia de un daño a un menor.

7 No acompañar a las personas abusadas.

8 No tomar las medidas necesarias para que hechos de este calibre vuelvan a ocurrir.

FUNDACIÓN DIOCESANA NAVARRA PARA LA EDUCACIÓN

PROTOCOLO ACTUACIÓN SOBRE EL DERECHO DE IMAGEN Y PROTECCIÓN DE DATOS

Para proteger el derecho de imagen y de protección de datos del alumnado del Colegio Diocesano Nuestra Señora del Puy y atendiendo a las leyes orgánicas y reales decretos al respecto, la dirección envía todos los años a los padres y madres un escrito pidiéndoles lo siguiente:

Estimadas familias:

            Según la Ley Orgánica de protección de datos 15/99 de 13 de diciembre y el R.D. 994/99 de 11 de junio sobre el derecho de imagen y protección de datos, para poder realizar reportajes tanto fotográficos como de vídeo, dentro de las actividades que se realizan a lo largo del curso, se precisa la autorización del padre/madre o tutor legal del alumno.

            Por ello si no tuvieran ningún tipo de inconveniente en que su hijo aparezca en dichos reportajes, realizados siempre dentro del ámbito escolar y sobre actividades promovidas o en las que participe el Centro, deberán autorizar dicha participación firmando a pie de página la correspondiente autorización, válida para todo el tiempo que  vuestro hijo/a permanezca en el Centro.

Un cordial saludo.

                                                                          José Cruz Asarta

                                                                       DIRECTOR GERENTE

D. /Dª  ___________________________________________________, como padre/madre o tutor/a legal del alumno/a _____________________________________, doy mi autorización para (marcar con una cruz)

Que participe en cualquier actividad en la que se realicen fotos o vídeos relativos a la misma y se puedan tomar imágenes del niño/a.

Que las imágenes que se tomen de mi hijo/a puedan ser colocadas en la página Web del Centro.

_____________, a ____ de ___________________ de 20__

                                    El padre/madre o tutor/a legal